-Sí, ese es el problema, que no sólo la quiero. Lo que me asusta no es pasar la vida entera con ella, ni tener que renunciar a la maravillosa angustia que produce el no saber dónde vas a acabar al final del día. Lo que realmente importa y tiene valor, no es aquello que más te cuesta conseguir, si no aquello por lo que harías lo que fuese por no perderlo. La pasión humana es una fuerza incontrolable que cuando se desata, hace que una persona pueda llegar a pisar el sol por amor. Y sí, puedo dudar, puedo sentir miedo porque no sabría frenar la locura que precede a la autodestrucción. Pero cuando estoy con ella el problema se convierte en solución, y no sólo la quiero. El miedo se transforma en valor y la angustia pasa a ser bienestar.
-¿Y podrás perdonarte por descentralizar la razón de tu vida y sus frutos? Te perderás finalmente en el sutil encanto que emana de sus labios, y allí no hay luz. La quieres, pero la odiarás. La tienes y la perderás. ¿Cuánto rencor acumularás contra ella, y cuánto contra ti? Estás acostumbrado a llevar tu carga tú sólo. Tus vicios, tus pasiones ocultas, el cuidado de tu alma… ¿aguantará ella tanta presión? ¿Aguantarás tú su incomprensión? Y en caso contrario, ¿cómo la quieres? ¿Por cómo es, o por lo que podría ser? ¿Por su sabiduría, o por su locura? Vas a tener que luchar contra titanes en vez de dejarte guiar por el placer metafísico que conduce a la autorrealización.
-Tus borracheras, tu drogadicción, tu búsqueda del sentido humano y tu ego son más fuertes que tanta absurdez sentimental. Estás de paso en este saco de carne y hueso, y esa basura emocional sólo anula tu visión del paraíso. Eres un guerrero, y tienes suficiente con cuidarte a ti mismo. Tampoco necesitas ayuda para entrar en el infierno, y caer y volver a caer. Te has acostumbrado a levantarte tu sólo, ya que ni ella fue capaz de parar a levantarte después de tropezar, simplemente te soltó la mano. Prefirió la libertad de elección y eliminar contratiempos, antes que el encierro de su “yo”, y la sedación de sus instintos. ¿Volverás a suicidarte después de un segundo golpe mortal?
-No tengo miedo al vacío, porque ya caí en él, y nunca llegué ni al suelo ni a tocar fondo, ese fondo no existe. Siempre puedes seguir cayendo más abajo, y por eso la quiero. Por eso se me encoge el corazón en su presencia, pues este se altera reconociendo a su salvadora. Por eso no me importa dejar la autorrealización en manos ajenas puesto que juntos escapamos de ese laberinto. Por eso mis sentidos zumban cuando me toca o cuando nuestros instintos luchan, y seca ese afluente de libertad vacía que conduce a ese mar oscuro. No tengo miedo al dolor, pues amo la vida y sus altibajos. Vivir intensamente cada momento como si fuese único es lo que te anima a querer repetir tu vida junto a esa persona. El amor, las emociones y los sentimientos, pueden ser las expresiones más simples y primarias del ser humano, están llenas de locura y, aunque todo el mundo esté convencido de lo contrario, escasean de conformismo, y llevan intrínsecas una gran ambición. Todas ellas nos humanizan y rompen los límites de la razón lógica, crean milagros. Por último, soy incapaz de guardar rencor a una mujer que me ha concedido la ilusión de formar parte de su vida. No sólo me suicidaré si tengo que hacerlo, si no que una vez más, tendré que recrearme en mis miserias para continuar adelante. Y no temo hacerlo, un solo beso suyo es un billete hacía la utopía más real. Cada día es una nueva conquista, por eso me dejaré llevar una y otra vez, hasta que el mundo se haga trizas…De todas formas, hasta que la encuentre tendré que divertirme.
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