Hola viejo amigo, en días como hoy solo queda tu consuelo, pero a veces siento que agarrarme a ti es como agarrarme a un clavo ardiendo. Fiel compañero, tan solo dime si el camino que he elegido es el correcto. Tan solo dime si continuar o no.
Quería ser ese marginado, ese antisocial desgarrado, una figura solitaria al margen de toda emoción o sentimiento. ¡Me hicieron tanto daño! Aun que ya dejé de lamentarme por eso, me avergüenza… Mi confusión e incapacidad me impedían relacionarme y al contrario que la mayoría de sujetos no puedo dejarme llevar por efímeros deseos de prestada satisfacción. Tuve en mis manos la épica comodidad de la estabilidad, mi lejana juventud, el premio al que aspira medio mundo. Te tuve a ti y a ti, les tuve a ellos. El sueño de bienestar terminó. Mi amada sabiduría me dejó hueco en su regazo y las ideas invadieron mi mente impidiéndome ver con claridad. ¿Qué es este mundo que habita en mí? Debido a mis heridas me oculté. No quería que nadie me viese así.
El dolor es personal e intransferible. Solo nosotros conocemos su alcance, pero eso no significa que sucumbamos ante él.
Ahora lo recuerdo viejo amigo. El camino que recorro lo he elegido yo. He elegido sus atajos y sus descansos, la marcha continúa y no cabe en mi mochila la flaqueza. Ahora recuerdo mis armas, ahora recuerdo el camino, pero sobretodo recuerdo sus penas y sus placeres.