martes, 27 de septiembre de 2011

Adios.


¡Ruido, ruido, maldito y grotesco ruido!‒Y estalló una tormenta en mi conciencia.

Ahogada, muerta, aún se arrastra buscando calor. El frío erosiona, la soledad seca lesiona y al fin, cegada por el brillo de los sueños no alcanzados perece en silencio. Sin funerales, sin ostentosas ceremonias, sin una lágrima derramada por ella. Solo la bendita expresión de su sonrisa herida aún se manifiesta desde los albores de su final. Es la eterna condena de la impotencia, que implacable desgasta y en el peor momento te propina el golpe de gracia mientras irónica, te devuelve la sonrisa.

viernes, 16 de septiembre de 2011

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   Cristales rotos, botellas vacías y un desierto de ceniza puebla mi cabeza. A cada paso se muere la vida, el miedo se asusta, la sabiduría enloquece. La rabia crece.
   Con tantos vasos de licor el suelo desaparece, el sueño esnifa magia blanca mientras el alma dormita y busca calma donde solo hay golpes.
   Placeres de un día se convierten en cicatrices que con orgullo de soldado alado muestro al resto descontento.
   Vi amanecer y sus rayos me empababan la frente. Un día más la misma mierda. Condenado a vivir el desencanto decadente del progreso gris. Solo escucho el ruido de las máquinas.
   ¿Y el amor? Es la farsa de una tragedia dulce. ¿En que si no creer, en que si no al estar vacio, agrio y terminal? Es la pizca de sal que obstruye nuestras venas. Es el barranco donde tirar nuestras frustraciones. Es la pesadilla con un final feliz, despertarse.