jueves, 28 de abril de 2011

Sobre el dolor.


El dolor es una droga que te mantiene alerta, que te avisa, por si  vienen esos mercenarios del orgullo a  quitarte esos gramos de bienestar mental.
Y su precio es el alma del resto, matar el sentimiento de amor de quién te quiere. Somos como cucarachas.
Entonces elige, si caes tú, caen ellos, es un círculo, un bucle, función paramétrica. Te atan sus cadenas, tus cadenas. Al contrario es exactamente igual. Vuela alto, pero no podrás atravesar su cúpula. Si lo haces volarás solo.
Siente el dolor, busca el alivio.

miércoles, 6 de abril de 2011

¡Muevete!


«Muévete.» El consejo de un sabio amigo que me dio uno de esos días en los que hace demasiado calor para estar en casa o demasiado frío para beber solo cerveza. Cuando quieres algo de verdad se convierte en algo demasiado fácil, o demasiado difícil.
Me explico. Una alteración del organismo, llamémosla polidipsia imaginaria crónica, nos indujo, como suelen decir los economistas, a la ambición de satisfacer una necesidad. Cuando febrero nos regalaba pasajeramente un poco de luz, me puse mi North Face y decidido junto a mi escudero, entramos en el primer centro comercial que se nos presentó.
Directos al pasillo de los licores.
Mi padre una vez me dijo: «Hijo, nunca te dejes la plata en esos rones baratos, ¡bebe whisky!» Dicho y hecho Papa. Como éramos dos, pues dos botellas, al fondo del hondo forro polar.
Con aire distraído y como si sonase “What’d I say” a lo banda sonora original, avanzamos satisfechos por la salida sin compra. Segundos antes de que una mano morcillona, llena de pelos, me agarrase del hombro, escuche un susurro: «Muévete». Me giré,  vi sus ojos pegados en mí, su cabeza rapada y su expresión rojiza denotando ira. No me hizo falta más. Corrí y corrí como un cobarde. Seguí los pies de mi compañero de hurto hasta que ambos esbozamos una sonrisa.
‒ ¿Y las botellas?‒ Me dijo en tono fatigado.
‒Aquí‒ Le mostré nuestro botín.
Como veis a veces es tan fácil como ser un niño, sin pensar, cogerlo y comerlo. Otras por el contrario, la cosa se complica, y la picardía a veces llega a ser hasta molesta.  
Cierto día, jugando al básquet con amigos, ganamos treinta y dos a cincuenta y cuatro. Regresaba al coche fumándome el cigarrito de la victoria que tan corto se hace. Apurando dicho cilindro de papel, escuché la alarma de mi Volkswagen rebotando por las esquinas del parking. Fui corriendo hasta él y vi como un desconocido conseguía arrancarlo. Lo sacó de su hueco rápidamente y lo dirigió hacia mí. El coche embalado se enfrentaba cara a cara conmigo y me asombré. ¡Mi viejo amigo, mi antiguo compañero de aventuras, con el que tanto whisky he bebido! Estaba cambiado, los años pasan factura sobretodo viviendo al límite. Aún pude ver en sus ojos un atisbo de mi juventud.
Por última vez me dijeron: «Muévete».
Así lo hice. Me aparté de su trayectoria como pude. Al caer me golpeé la cabeza contra una columna y quedé inconsciente. Desperté a las pocas horas en el hospital. Un médico me miraba con la cara con la que te miran los médicos cuando no tienes nada. Tan solo un leve chichón. A su lado un agente de policía hacía como que entendía el cuadro clínico. Al verme abrir los parpados, me preguntó:
‒ ¿Se encuentra bien? ¿Puede hablar con normalidad?‒ Asentí.‒ Lamento informarle que su coche ha quedado destrozado. Lo encontramos empotrado contra las paredes de un túnel de la M-30, en uno de sus puntos de acceso.
Semejante noticia me sobrecogió.
‒ ¿La persona que conducía?‒
‒Fallecida, iba ebria.‒
Pobre diablo, no paraba de moverse y no supo parar a tiempo. Eligió vivir en vez de sobrevivir.
¿Tú qué harías?, la decisión es tuya, pero ten cuidado…, si tardas demasiado en pensártelo puedes acabar atropellado.

lunes, 4 de abril de 2011

Te tropezaste en Puerto Montt.


La historia es así de sencilla. Además es típica, pero nunca me dejará de impresionar como los acontecimientos se desarrollan. Una acción, comporta todo un conjunto infinito de vidas que se entremezclan para crear más y más acciones hasta… ¿cuándo?
Un marino mercante llega a puerto, digamos al de Puerto Montt, y como tantos otros marineros, sufre las necesidades de tantas horas en la mar, de tantos días sin cariño físico. Decide al igual que sus compañeros de travesía, ir en busca de un ápice de calor, sin embargo, lo que no sabe es a donde le llevará ese instinto, ese deseo carnal e incontrolable que nos conduce al sexo.
Quizás, había luna llena ese día, quizás la marea estaba baja, quizás miro su reloj, y quizás salió brevemente de la cantina para sentarse descalzo sobre la arena de la playa, quizás para escribirle unos versos a su querida madre, lejos de ese lugar, y condenada a sufrir la ausencia forzada de un hijo, convirtiéndose en hombre.
De lo único que estoy seguro, es que la vio a escasos metros de él, caminando por la playa, descalza, con su caminar recto pero inocente. No era muy alta, pero su sombra desde luego que sí. Su piel morena se disfrazaba con los destellos de la espuma oceánica, y la teñía de un tono tenue. Según la vio tembló. ¿En qué nos fijamos por primera vez  al ver a una mujer? Mi tatarabuelo  en los ojos, en la profundidad de los ojos, de sus ojos, que tanto le recordaban a las profundidades oceánicas. Tan nostálgico él…, quería llevarse consigo esas pupilas, ese lindo mar negro con forma de mujer.
Dudó, porque dudó. Quién no dudaría ante semejante abismo. Aguantó la respiración al mismo tiempo que su sangre se envenenaba con feniletilamina. Echó a correr y el muy torpe tropezó. Ella lo vio y se enterneció; eso sí, mi tatarabuela no dudó en ayudarle.
Huías de mí, ¿qué te he hecho?Dijo sonriente.
No había tanta calma en la playa como en su mente. Al verla tan cerca supo lo que tenía que hacer. Con su recién estrenada confianza en sí mismo, formó una familia. Con todo lo que tenía en su mano, saco adelante a su prole.
Años más tarde su tataranieto escribe estas líneas dedicadas al instante que pudo cambiarlo todo. Hasta los no actos conllevan consecuencias. No quisiste entregarte a la magia del momento e intentaste escapar, sin embargo desde el momento en que la viste, supiste que no tendrías salida. No es una cuestión del destino, si no de que quizás…, si no te hubieras movido, ella habría pasado de largo. Tuviste suerte, elegiste el camino más arriesgado. Dado que no siempre será así, querido tatarabuelo, tomo una buena lección de ti.
No dejaré de escribir versos frente al mar.

domingo, 3 de abril de 2011


     Desde las profundidades de un río de rubíes, me despedía de una vieja amiga que tantas noches me sedujo. En el fondo, cualquier mínima quemadura fría es la mejor de todas.

     Sonríes. Sin nada que perder. Condenado sin remedio, testigo de tu naufragio. Cuanto más ruido haya en tu mente a más paz aspirarás.

     Deje de impresionarme por todo…, como todos.

     Con la música de un llanto contento, reflexiono echando humo mientras él, formando formas fugaces me muestra el edén. Y yo, desde mi limbo de vino y galletas, seguí meditando el progreso de este corazón ardiente.

     Sabes que sé lo que sientes aunque descaradamente me mientes.

     Los siguientes segundos fueron mi último reclamo…