jueves, 6 de octubre de 2011

No se lo digas a nadie.


El timbre sonó. No tardó más de un minuto en abrirme la puerta y allí estaba ella. Sensual, provocadora y a la vez sencilla con una pizca de inocencia. La casa era como la recordaba: pequeña pero espaciosa, con su maniático orden. Igual que la vieja casa de mis abuelos, todo en su sitio con una precisión exagerada. Recuerdo que follar rompiendo esa pulcritud era excitante.
‒ ¿Quieres tomar algo?‒ El tono de voz era suave a pesar de su nerviosismo.
‒ Lo que me sirvas.‒ Me miró y no se movió, mantuve la mirada un tiempo mientras nos acercábamos, despacio. Finalmente, la besé, primero un beso corto, después uno largo. Poco a poco se incendiaba algo dentro de nosotros. Le agarre de la cintura y la traje hacia mí. Mientras tocaba sus piernas, ella me quitaba la chaqueta. Nos acercamos lentamente hacia su cuarto. Al entrar, paseaba mis labios por su cuello, entonces, cayeron sus tirantes. El vestido azul no tardó en salir, ya la tenía en ropa interior. La giré contra la puerta y el sujetador resbalo hasta el suelo. Con una mano masajeaba su teta derecha mientras con la otra le metía los dedos en la boca. Siendo mi cómplice me los lamía  de abajo arriba.
‒ ¿Recuerdas cuándo lo hacíamos contra la pared de tu cuarto con tu padre rondando por ahí?‒ Le susurré. Ella asintió con un gemido. Poco a poco,  mi lengua rociaba su espalda con  saliva para después recibir un soplido fresco. Se volvió a girar, me quitó la camiseta, y se puso en cuclillas. La miré directamente a los ojos, colocó las manos en mi bragueta y comenzó a desabrocharla. Su mirada era lasciva e intensa, tenía pues mi pene dentro de su boca al caer los pantalones al suelo. Despacito comenzó a rodearlo con la lengua y después, una y otra vez, comenzó a masturbarme con mi glande entre sus labios. Tras varios minutos la levante y la volví a poner de cara a la puerta. El culot no tardo en venirse abajo. Nuestras manos se apretaban la una contra la otra cuando comenzó la penetración. Con su mano libre  se estimulaba el clítoris a la vez que la empujaba contra la puerta. Estaba dentro de ella y ella dentro de mí. Su cadera se sacudía, sus piernas se contraían y ella suspiraba. Yo jadeaba. Mientras sus exuberantes senos botaban, me cuidaba de acariciarle  los pezones  con las yemas de los dedos. El pelo moreno, recogido en una coleta me rozaba la cara. Su sudor y el mío se mezclaban mientras bajaba por su espalda y mi pecho. No tardó el suelo en llenarse con algo más que sudor. Tras varios minutos exhalo el último grito encogido. La habitación tembló. Entonces la solté, ella me empujo sobre la cama y se dispuso a horcajadas sobre mí. Saltó y saltó hasta que no pudo más, y mientras me acariciaba y me besaba no paraba. Cuando no pudo más los gritos se volvieron más mudos, volvió a bajar y de nuevo comenzó su exhibición de sexo oral. Me masajeaba, me lamía, succionaba y yo seguía caliente, como su mirada. Se ayudaba con las tetas y a mí eso me excitaba. Mi eyaculación la amortiguo ella misma sin sacársela de la boca. Yo me salí de mi mismo, ella escupía mis fluidos.
Después, saco de la mesita de noche una botella de Boca Chica, la abrió y sin más preámbulo bebió, me cedió la botella y la imité.
‒ Vístete. Tu padre llegará de un momento a otro.

martes, 27 de septiembre de 2011

Adios.


¡Ruido, ruido, maldito y grotesco ruido!‒Y estalló una tormenta en mi conciencia.

Ahogada, muerta, aún se arrastra buscando calor. El frío erosiona, la soledad seca lesiona y al fin, cegada por el brillo de los sueños no alcanzados perece en silencio. Sin funerales, sin ostentosas ceremonias, sin una lágrima derramada por ella. Solo la bendita expresión de su sonrisa herida aún se manifiesta desde los albores de su final. Es la eterna condena de la impotencia, que implacable desgasta y en el peor momento te propina el golpe de gracia mientras irónica, te devuelve la sonrisa.

viernes, 16 de septiembre de 2011

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   Cristales rotos, botellas vacías y un desierto de ceniza puebla mi cabeza. A cada paso se muere la vida, el miedo se asusta, la sabiduría enloquece. La rabia crece.
   Con tantos vasos de licor el suelo desaparece, el sueño esnifa magia blanca mientras el alma dormita y busca calma donde solo hay golpes.
   Placeres de un día se convierten en cicatrices que con orgullo de soldado alado muestro al resto descontento.
   Vi amanecer y sus rayos me empababan la frente. Un día más la misma mierda. Condenado a vivir el desencanto decadente del progreso gris. Solo escucho el ruido de las máquinas.
   ¿Y el amor? Es la farsa de una tragedia dulce. ¿En que si no creer, en que si no al estar vacio, agrio y terminal? Es la pizca de sal que obstruye nuestras venas. Es el barranco donde tirar nuestras frustraciones. Es la pesadilla con un final feliz, despertarse.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Masacre al amanecer.


Bien, el motivo de todo este jaleo es el siguiente: Os odio a todos y cada uno de vosotros, odio al padre y al hijo, a la madre y a la abuela, odio a tu profesor y odio a tus alumnos, a tus amigos y vecinos, odio a quién odias tú, y te odio más por odiarle. Pero sobretodo amigos, me odio a mí mismo, al que más. ¿Por qué os preguntareis? (Os odio por preguntarlo.) Pues bien la razón es bien sencilla, porque me siento mal conmigo mismo y con vosotros, pero la cosa no acaba ahí. Me da sencillamente asco, todas y cada una de vuestras costumbres y tradiciones, todos y cada uno de vuestros actos o pensamientos. Es repugnante hasta donde habéis llevado vuestra existencia y por esa razón…, os voy a hacer sufrir hasta que me despreciéis tanto como yo a vosotros. ¿Qué por qué hago todo esto? ¿De verdad no se le ha ocurrido a nadie antes?
Miseria, hambre, injusticia y desidia fuera de nuestras fronteras, y dentro. Odio, conflictos de interés, mezcolanza, fines justificando medios, represión, engaño y falsedad constantemente entre nosotros, y fuera de nuestras fronteras claro. Dejé el fusil sobre la mesa,  agarré la jeringuilla con el veneno y me la inyecté precipitadamente en el brazo. Después, volví a coger el arma y disparé contra un espabiladillo que intentaba escapar. De nuevo el vestíbulo se lleno de silencio.
‒ ¡Y ahora, mientras la mierda ésta hace efecto, os iré exterminando uno a uno! Vamos, no me miréis así, vinisteis al mundo ayer, moriréis hoy, y se os velará mañana.

martes, 2 de agosto de 2011

Soliloquio de Segismundo

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe, 5
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte? 10

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza, 15
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende. 20

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí. 25
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son. 30
Pedro Calderon de la Barca, La vida es sueño

martes, 21 de junio de 2011

A mi querido Folio en Blanco:


Hola viejo amigo, en días como hoy solo queda tu consuelo, pero a veces siento que agarrarme a ti es como agarrarme a un clavo ardiendo. Fiel compañero, tan solo dime si el camino que he elegido es el correcto. Tan solo dime si continuar o no.
Quería ser ese marginado, ese antisocial desgarrado, una figura solitaria al margen de toda emoción o sentimiento. ¡Me hicieron tanto daño! Aun que ya dejé de lamentarme por eso, me avergüenza… Mi confusión e incapacidad me impedían relacionarme y al contrario que la mayoría de sujetos no puedo dejarme llevar por efímeros deseos de prestada satisfacción. Tuve en mis manos la épica comodidad de la estabilidad, mi lejana juventud, el premio al que aspira medio mundo. Te tuve a ti y a ti, les tuve a ellos. El sueño de bienestar terminó. Mi amada sabiduría me dejó hueco en su regazo y las ideas invadieron mi mente impidiéndome ver con claridad. ¿Qué es este mundo que habita en mí? Debido a mis heridas me oculté. No quería que nadie me viese así.
El dolor es personal e intransferible. Solo nosotros conocemos su alcance, pero eso no significa que sucumbamos ante él.
Ahora lo recuerdo viejo amigo. El camino que recorro lo he elegido yo. He elegido sus atajos y sus descansos, la marcha continúa y no cabe en mi mochila la flaqueza. Ahora recuerdo mis armas, ahora recuerdo el camino, pero sobretodo recuerdo sus penas y sus placeres.