Pero esa es otra historia.
Lo que vengo a contar no tiene nada que ver con amoríos fugaces ni con mi pasado. Esta historia es de cómo descubrí otros mundos, mundos aparte. Conseguí, no sin algo de ayuda, desprenderme de toda normalidad común. Esta historia es de cómo me convertí en Cristóbal Colón, mientras navegaba por el mar de las dudas, para al fin, avistar una tierra desconocida por la inmensa mayoría e inaccesible para todos ellos, conformistas y aburguesados.
Sólo que yo aún, no lo sabía.
Dicen que para empezar a cambiar, hay que tocar fondo antes. Toqué fondo poco después de conocerla a ella, mientras acudía a mi cita diaria en ese bar que existe en todos los barrios de todas las ciudades, preparado únicamente para olvidar. Ella, cuyo nombre me recordaba a cierto ángel caído, era deslumbrante. Y debo confesar, que ésta no fue mi primera impresión. Ella entró con un sencillo vestido azul y su pelo rubio contrastaba perfectamente con el dorado de su piel. No sabría identificar que brillaba más en ella si sus ojos o sus labios carnosos. Emanaba sensualidad en cada uno de sus movimientos y no gastaba energía en vano, tan sólo se movía cuando quería expresar algo y lo que expresaba era una pequeña joya, un valioso mensaje precioso oculto, a través de una máscara frívola. Como he dicho no recabé en estos detalles hasta que me presenté por primera vez.
Yo me encontraba entre Diego, el señor Johnnie Walker y una acalorada discusión:
- ¿Cómo…? - Comenzó - ¿Cómo pretendes no pensar? ¿No piensas nunca en…? Sí por favor otra copa. ¿No piensas nunca en cuidarte? ¿Ni en casar…? Bueno, me has contado miles de veces como piensas acerca del matrimonio, pero ¿no vas a dejar que ninguna mujer conquiste tu corazón?
- Cuidarse no tiene sentido alguno, no pretendo una vida longeva, ¿para qué? ¿Quieres que tenga el cuerpo más metrosexual del cementerio? Lo mismo me invitan a una fiesta VIP en el más allá. Cuando esté tieso lo que menos me importará será mi nivel de triglicéridos. ¿Y por qué te empeñas en hablarme de matrimonio o de amor? ¿No has tenido suficiente con tu propia experiencia?
- Está bien, deja lo del matrimonio, pero escúchame un cosa…escúchame una cosa. No puedes ir por ahí sin pensar en tus actos y esperar que todo salga bien. Hay…, hay que intentar forma parte de algo. Además, que no pienses es una cosa, pero que no medites acerca de conceptos o ideas no me lo creo. Siempre estás soltando habladurías que aunque no me gusta reconocer, tienen bastante sentido. ¿Me estás diciendo que no piensas todo eso que sale de tu boca?
- No. En absoluto. Prefiero no pensar, lo que digo no son más que absurdas cavilaciones, que lo único que buscan es justificarse a sí mismas por el sentimiento de culpa que nos inculcan desde pequeñitos, de mejorar este maquiavélico planeta. Es más un hobby que un deber moral. Yo simplemente prefiero la vida contemplativa y dejar de actuar como tanto hipócrita consentido. Prefiero únicamente sentarme a mirar en este teatrillo mundano. ¡Qué mi entrada me ha costado lo suyo! Suscribirme a la satisfacción del deseo y a los depresores químicos o naturales habituales me ha costado mucha angustia existencial....y monetaria.
- Pero eso es puro egocentrismo. Te da igual lo que le pase al resto….
- No es algo egocéntrico, si no pragmático. Todo acto teórico-práctico lleva intrínseco el ego, y mi manera de ver la vida por lo menos lo asume y es honesta. No busca asumir ni delegar responsabilidades salvo las que la propia vida te hace firmar nada más nacer.
- Pero eso no es ser persona, a veces dices cosas que valen la pena, pero ahora estas borracho.
- Escucha, existen…demasiados mundos ahí fuera, y en mi maleta no cabe tanta carga emocional ni moral. Sencillamente dejo que el viento me guie. Por eso siempre lo tengo a mi favor…Por ejemplo, ¿ves a esa rubia que acaba de entrar? Cinco y acción...