¿De qué la conocía? Eso no llegué a saberlo. Pero tan sólo hicieron falta 4 whiskys más para llegar a esto:
- Me gustaría tener más autocontrol, pero cuanto más tarde en besarte, menos tiempo podré disfrutar de ese placer tan húmedo.-
- Sí que te lo has pensado.- Me miró fijamente y fueron suficientes dos segundos para que me acercase a ella lentamente buscando una respuesta.
Sin embargo, sólo rocé sus mejillas.
A partir de este momento el tiempo empezó a correr y lo veía todo como si estuviese montado en un tío vivo. Más copas, idas y venidas al baño, chupitos, idas y venidas al baño y cocaína, Diego dormido, conversaciones sin sentido, música de jazz, más chupitos y muchas sombras.
Cuando me desperté le cabeza me hervía y un dolor punzante se me extendía de la nuca a la frente. Tuve que recurrir a toda mi fuerza de voluntad para poder centrar la mirada y no gritar de dolor.
Al disiparse un poco la jaqueca comencé a fijarme en puntos concretos de mi habitación, es un ejercicio útil para empezar a arrancar el microprocesador de mi cerebro. La televisión apagada, el balcón entreabierto, la ropa en la cesta. Todo estaba bien…, hasta que escuché la ducha del baño. Giré la mirada al otro lado de la habitación y pude ver varias prendas de mujer. Entonces me encontré tranquilo y excitado a la vez pues pude tener a esa chica misteriosa. Me pareció morbosa la idea del viaje y le gustaba el whisky…
Mientras cavilaba más y más acerca de Lucía, la ducha dejó de sonar. La puerta se abrió y a través de ella apareció una mujer morena con una única toalla que usaba para secarse el pelo. Sus ojos eran de mi color favorito, el negro, y me miraban con una invitación a levitar.
Era la camarera del bar, y no recordaba cómo había acabado con ella.
Aún así era lo que menos me importaba. Esa chica desapareció sin más. Me volví a tumbar y no podía dejar de pensar en cada detalle de la noche anterior. Su voz, sus manos, su figura, cada gesto, cada sonrisa, esa vitalidad…No pude evitar recordar a cierta figura del pasado. Eran tan parecidas, hasta las dos desaparecieron de un día para otro. Sólo que a Lucía no pude conocerla a fondo.
De repente, la chica del bar me tiró la toalla a la cara, me sujetó las manos y se puso encima de mí.
- Esto podría considerarse violación.- Le decía mientras nuestros labios se fundían.
- Después de lo de anoche, puedo darme por condenada.-
Y pude saborearla por tercera vez en ese día.
No hay nada mejor para recuperar las fuerzas después de una noche agitada que una tortilla y un botellín de cerveza. Yo era presa de mis pensamientos a la vez que disfrutaba de mi desayuno, y uno a uno todos iban a parar a la misma conclusión, tenía que volver a ver a Lucía. Era la primera vez que la veía en el “Pasado” y aunque las noches posteriores la volví a buscar repetidas veces, no di con ella. Por mucho que intentase alejarla de mis pensamientos no podía y lo peor de todo es que cuando lo conseguía, era Sara la que venía a mí.
Sara es esa cierta figura del pasado que al final prefirió a David. Esa falsa media naranja, con la que habrías sido capaz de encerrarte de por vida. Y David, mi antiguo mejor amigo, alguien de quien he aprendido muchísimo, y con quién siempre estaba seguro. Era una persona muy valerosa, y no dudó en enfrentarse conmigo por ella. Después, no volví a saber nada de ambos.