Trabajaba como profesor universitario dando clases de psicología, antes de volverse alcohólico. Siempre solía decir que había dejado la docencia porque se dio cuenta de que por mucho que intentase comprender el comportamiento humano, era una tarea absolutamente inútil. No había enfermos mentales (locos), sólo personas cuerdas sufriendo. Se negó a seguir enseñando, no tenía nada más que enseñar.
Él mismo no quería reconocer su propio sufrimiento, que todo esto era por ella, Anna, su mujer; ya que todo comenzó con su muerte. ¿Cómo sentirte con todo lo que deseabas en esta vida, y no tener la opción de poder evitar perderlo? El Karma no te avisa, el Destino no te pregunta, y mucho menos tú escoges tu vida. Pobre cabrón. Desde entonces no se molesta en llorar, tan sólo ríe ante la idea de una imaginaria vida feliz.
Le conocí cuando aún me molestaba en escribir artículos para esos papeluchos grises llamados periódicos. Yo tenía que recopilar información acerca del humorismo para una columna que nadie leería. Un buen lugar para ello era la biblioteca de la universidad (se me pegó esta costumbre en mi época de estudiante). Además, solía recorrer el campus en busca de mentes vacías que me proporcionasen calor nocturno.
Curiosamente, le conocí mientras hacía eso mismo, cuando abordé, sin saberlo, a quién se convertiría en su esposa.....