‒ Bien, el motivo de todo este jaleo es el siguiente: Os odio a todos y cada uno de vosotros, odio al padre y al hijo, a la madre y a la abuela, odio a tu profesor y odio a tus alumnos, a tus amigos y vecinos, odio a quién odias tú, y te odio más por odiarle. Pero sobretodo amigos, me odio a mí mismo, al que más. ¿Por qué os preguntareis? (Os odio por preguntarlo.) Pues bien la razón es bien sencilla, porque me siento mal conmigo mismo y con vosotros, pero la cosa no acaba ahí. Me da sencillamente asco, todas y cada una de vuestras costumbres y tradiciones, todos y cada uno de vuestros actos o pensamientos. Es repugnante hasta donde habéis llevado vuestra existencia y por esa razón…, os voy a hacer sufrir hasta que me despreciéis tanto como yo a vosotros. ¿Qué por qué hago todo esto? ¿De verdad no se le ha ocurrido a nadie antes?
Miseria, hambre, injusticia y desidia fuera de nuestras fronteras, y dentro. Odio, conflictos de interés, mezcolanza, fines justificando medios, represión, engaño y falsedad constantemente entre nosotros, y fuera de nuestras fronteras claro.‒ Dejé el fusil sobre la mesa, agarré la jeringuilla con el veneno y me la inyecté precipitadamente en el brazo. Después, volví a coger el arma y disparé contra un espabiladillo que intentaba escapar. De nuevo el vestíbulo se lleno de silencio.
‒ ¡Y ahora, mientras la mierda ésta hace efecto, os iré exterminando uno a uno! Vamos, no me miréis así, vinisteis al mundo ayer, moriréis hoy, y se os velará mañana.