sábado, 16 de octubre de 2010

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Todo fue un momento, un instante, como el flash de una cámara. Ahí estaba yo, haciendo la primera comunión. Ahí estaba yo, dando mi primer beso. La primera vez que me peleaba con un amigo, ahí estaba yo. Discutiendo con mis padres. Riendo sin parar. Enredando con la gente. Recuerdo alcohol, mucho alcohol. Ruido, música (por describirla de alguna manera) y gente...Y de nuevo ruido, música, gente, alcohol. Veo la ventana de mi cuarto, veo tabaco y porros. Aparecen mujeres, cada cual más sexual, más mujer. Aparecen polvos sobre la mesa, mi nariz sangrando. Aparece otro tipo de polvos sobre la mesa....El accidente, como habría sido mi vida sin ese accidente. Vi amigos, caras conocidas, que desaparecen, luego vuelven, otras no. Vi un funeral. Botellas vacías. Mi casa vacía. Una moto destrozada. Un lago y estrellas sobre él. Recuerdo sentirme vacío, otras efusivo, otras no sentía. Recuerdo odiar. Me maté y volví a la vida. Entonces vi el sol aparecer, pero se volvió a esconder. Volví a escuchar a Nina Simone, a Albert King. Me pegaron una bofetada. Escuché a Mozart. Un cuadro. El mismo cuadro roto por mí. El metro y yo en un rincón. El ordenador. Bancos y parques donde despertaba sin saber porque. Papel, tabaco, hachís....Pero lo que más recordé, fue oscuridad, mucha oscuridad. Y todo se repetía en una truculenta sucesión de hechos y deshechos. Mi nombre, Dani.

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