Cristales rotos, botellas vacías y un desierto de ceniza puebla mi cabeza. A cada paso se muere la vida, el miedo se asusta, la sabiduría enloquece. La rabia crece.
Con tantos vasos de licor el suelo desaparece, el sueño esnifa magia blanca mientras el alma dormita y busca calma donde solo hay golpes.
Placeres de un día se convierten en cicatrices que con orgullo de soldado alado muestro al resto descontento.
Vi amanecer y sus rayos me empababan la frente. Un día más la misma mierda. Condenado a vivir el desencanto decadente del progreso gris. Solo escucho el ruido de las máquinas.
¿Y el amor? Es la farsa de una tragedia dulce. ¿En que si no creer, en que si no al estar vacio, agrio y terminal? Es la pizca de sal que obstruye nuestras venas. Es el barranco donde tirar nuestras frustraciones. Es la pesadilla con un final feliz, despertarse.
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