Desde las profundidades de un río de rubíes, me despedía de una vieja amiga que tantas noches me sedujo. En el fondo, cualquier mínima quemadura fría es la mejor de todas.
Sonríes. Sin nada que perder. Condenado sin remedio, testigo de tu naufragio. Cuanto más ruido haya en tu mente a más paz aspirarás.
Deje de impresionarme por todo…, como todos.
Con la música de un llanto contento, reflexiono echando humo mientras él, formando formas fugaces me muestra el edén. Y yo, desde mi limbo de vino y galletas, seguí meditando el progreso de este corazón ardiente.
Sabes que sé lo que sientes aunque descaradamente me mientes.
Los siguientes segundos fueron mi último reclamo…
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